Embarazo, Maternidad, Pérdida

Pérdida de Embarazo: ¿y ahora qué?

Toda pérdida de embarazo, o toda pérdida como tal inicia un cambio, nos enfrenta a nuestros demonios y a nuestro lado más humano. Al menos así viví yo el parto prematuro de mis gemelas, Miranda y Anabella.

Tatuaje en honor a la corta vida de mis gemelas, Miranda & Anabella. Tanto mi esposo como yo nos hicimos el mismo.

Con cunas compradas, un cuarto decorado por la mitad, mucha ropita y toneladas de ilusión por un primer embarazo, así vivíamos nuestro primer intento de ser padres.

Sin embargo, y para ser completamente honesta con uds., también sentía mucho miedo.

Miedo porque estábamos “solos” viviendo en U.S.A. y, como buenos latinos al fin, la familia lejos pega. En nuestra cultura latina, la familia suele ser un gran apoyo en el cuidado de los más pequeños. Pero al estar viviendo en Fort Lauderdale, teníamos que pensar en guarderías y por partida doble. Esto, por no decir más, es un gasto bien alto.

Sentía miedo porque nunca había sido madre y ahora sería de dos niñas al mismo tiempo. Miedo porque mi esposo no tenía una entrada de dinero estable, pues estábamos saliendo de un negocio propio y él estaba probando algunos trabajos independientes: sin horario de oficina, pero también sin beneficios o un sueldo estable.

Miedo porque las hormonas las tenía alborotadas por partida doble. Y no le daba importancia al manejo de mis emociones y a alcanzar en paz con mi cuerpo.

Mis gemelas, Miranda & Anabella, Consulta del 26 Nov 2014

¿Qué viene después de la pérdida de un embarazo?

Por más que en principio me costó aceptarlo, mis miedos influyeron en mi embarazo, pues me desconectaron de lo verdaderamente importante: que mis gemelas estaban sanas y que Papá Dios siempre había abierto las puertas en mi vida para que todo fluyera. ¿Por qué tendría que ser diferente esta vez?

Pero mis miedos retumbaban más fuerte y cuando la pérdida llegó (tuve un parto prematuro de 5 1/2 meses), tuve que enfrentar mis peores demonios.

De mi pérdida, puedo decirles que “perdí” a mis gemelas físicamente, pero las llevo tatuadas (literalmente) en mi muñeca derecha, porque si algo aprendí es que no volveré a dejar que mis miedos comanden mi vida. Los escucharé, pero no dejaré que dominen mis acciones o pensamientos.

Perdí, pero gané dos angelitos que son mi guía, mi luz. Crecí más de lo que había madurado en 32 años. Mi enfoque cambió y logré conectar con mi verdadera vocación: Escribir cuentos infantiles con herramientas para apoyar a padres e hijos.

Perdí, pero volví a intentarlo, confronté mis miedos y tuve a mis hijas, Alana (4 años al momento de escribir este blog) y Victoria (1 año). Y sigo sintiendo que estar embarazada es lo máximo, así que no se asusten si nos entusiasmamos con el tercero.

Hablemos de la pérdida del embarazo para que deje de ser tabú…

La pérdida llegó a nuestras vidas. No me quedó otra que entregarme, aceptarla y fortalecerme. Y cuando siento miedo, preocupación o tristeza, tengo la certeza de que todo pasa y de que si logré levantarme de esta situación, puedo enfrentar aquello que mi cerebro cataloga como estresante, preocupante o que me llena de lágrimas.

 La pérdida será un tabú en nuestras vidas hasta que decidamos confrontar nuestros demonios, levantarnos y hacer las paces con nuestro lado más humano, entregándonos, aceptándola y permitiéndonos salir fortalecidos de ella.

Hasta entonces, seguiré haciendo la diferencia un cuento a la vez!

Si quieres leer más sobre mi historia, revisa mi libro: http://carolvanpampus.com/wp-admin/post.php?post=18&action=edit

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